

Faltaban pocas vueltas para concluir el Gran Premio italiano, ese que yo veía desde la casa de mi abuelo y ambos festejábamos cuándo una Ferrari conseguía el triunfo. Yo peleaba el título con el finlandés Mikka Hakkinen que iba punteando con el McLaren número 1, estaba a punto de conseguir su segundo campeonato seguido, pero mi Ferrari seguía dándole pelea.
De pronto por la radio el ingeniero a cargo de mi auto me confirmó que quedaban dos vueltas y que Hakkinen estaba a 1.6 segundos de distancia.
Yo sentí una mezcla de alegría porque lo sentía más alejado y también sentí miedo porque en metro más venía Tamburello, esa curva fatídica.
Ahí estaban, el McLaren y la Ferrari entrando en la curva muy pegados, yo sin mucha confianza p

Así llegue al final, vi la bandera a cuadros y me imagine a mi abuelo festejando el triunfo desde el cielo por eso mi mirada interminable hacia arriba y mis lágrimas perpetuas que eran casi imposibles de secar. Me lo imagine al Tano festejando mi triunfo como hacíamos ambos cuándo yo era chico.